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“Del riqui-raka al Pío-pío” Conversando de fútbol canario con Pascual Calabuig y Segundo AlmeidaLibro publicado en AMAZON el 4 de marzo de 2023
PRÓLOGO:
La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.
Fútbol a sol ya sombra Eduardo Galeano
INTRODUCCIÓN Antes de los partidos en el Estadio de Gran Canaria, junto a mis amigos y maestros, íbamos a comer a algún restaurante de la isla. Muchos de ellos con marcado carácter futbolístico por tradición o historia como fueron almuerzos en La Marinera de La Puntilla, el Club Victoria en Las Canteras; El Gabinete Literario, el de la Montaña de Arucas, los Hermanos Rogelio o el Samoa en Las Alcaravaneras, El Cortijo en Jinamar, Melenara, en el Hotel Los Bardinos; el British Club o en el Pueblo Canario, y muchas veces lo hicimos en El Corte Inglés de Siete Palmas por la cercanía al Estadio cuando los partidos eran por la tarde a las cinco. Durante estos años, desde 2005 a 2019, las conversaciones fueron rescatadas y su contenido se ha ordenado en este documento. Pascual Calabuig y Segundo Almeida han seguido, como aficionados e informadores, cada una de las vicisitudes del representante desde el año de su nacimiento. Son dos enciclopedias abiertas y reúnen un conocimiento global de la Unión Deportiva sin igual. Ahora que el viraje estructural hace un guiño a los orígenes, sus valoraciones cobran actualidad y conveniencia. Calabuig y Almeida hablan con una autoridad que le es exclusiva. Han estado presentes en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Nunca han abandonado su militancia por la causa, y ahora, alejados de la primera línea de combate, siguen desde sus cómodos asientos de tribuna los acontecimientos de una entidad que busca redescubrirse. Los tres somos de generaciones distintas. Yo seré el que introduzca el tema y les pregunte para que me cuenten las vivencias desde sus primeros contactos con el deporte del balón. Como soy el más joven, mantengo mucho respeto a mis contertulios, por su experiencia más antigua, para contar cosas en estos diálogos en torno al fútbol canario. El fenómeno del fútbol antes y ahora ha representado en las Islas Canarias un aspecto cultural que se ha introducido en la sociedad. El fútbol lo es todo para muchas personas sin distinción de edad ni clase. La temperatura futbolística dada por el calor irradiado por equipos o jugadores, es una medida del estado de ánimo en muchos momentos de los paisanos insulares. El fútbol insular canario no ha sido solo una historia, sino una leyenda transmitida verbalmente. De padres a hijos, de muchas personas cercanas que nos desvelaron la historia y nos transmitieron el sentimiento con el que vivimos. Desde los primeros partidos en el patio del colegio, en la calle o descalzos en la playa. Las primeras botas; los equipos de chapas y los campeonatos que disputábamos entre los amigos. Acudir al Estadio a ver al equipo. Admirar como entró la pelota en la portería, si girando sobre si misma o con la fuerza de un obús. Muchas veces lo más importante de un partido no era el juego, sino otra cosa que no había sucedido en el campo, sino antes o después. El estado de ánimo de miles de almas. . La información deportiva por los periódicos, la radio y la televisión. Horas y hablando horas de fútbol. Y hablar de fútbol, cerca y lejos del fútbol, de nuestras cosas. Una cosa de la que nunca te cansas, porque nunca termina. La UD Las Palmas forma parte de la memoria y educación sentimental de nuestra ciudad y es una de las señas de identidad más representativas de la isla de Gran Canaria. El ADN amarillo marca para toda la vida. Difícil es pensar que otra institución sea capaz de congregar a miles de personas en torno a una identificación emocional. Siendo niño, con 7 años, ya les oía por la radio. Primero a Pascual y luego a Segundo. Ahora tengo el honor de sentarme entre los dos y conversar a un lado y al otro. Tomo nota y recopilo sus memorias a las que incorporan mis vivencias. Voy a ordenar estas palabras que han surgido en nuestras conversaciones en un recorrido en el tiempo que nos mostrarán muchas emociones que significan la historia viva del fútbol en Canarias en torno a la pasión por el equipo amarillo y azul. Javier Domínguez García .2023
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